Presidenta - Amara Cantabria
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Mamá de Mikel

Esther Silván Grimaldos

NOSOTROS LES ENSEÑAMOS A SOÑAR Y ELLOS NOS VOLVIERON INVENCIBLES

 

Me llamo Esther, aunque la mayoría de la gente me conoce como la mami de Mikel o la mami de Ander. Por alguna extraña razón las mamás y los papás perdemos nuestro nombre cuando nuestros hijos empiezan la guardería o el colegio. Siempre había pensado que era por aquello de que, cuando un niño nace, pasa a ser el centro de una familia, lo MÁS IMPORTANTE para unos padres, pues todas tus energías van a estar desde ese momento focalizadas en ellos, en educarlos bien, en protegerlos… Pero no, ahora se que soy la “mamá de…”, y he perdido por el camino mi nombre de pila, porque ellos mueven mi mundo y me enseñan a ver la vida de otra manera. Ellos son el motor de mis emociones.

 

Pues bien, hace 3 años mi vida dio un giro de 360° y me convertí en la mami de Mikel en un lugar que no esperaba… en el hospital. ¿La causa? Una leucemia linfoblástica aguda.

 

Desde el primer momento decidimos dejar la parte desconocida para nosotros, la de los tratamientos, las pruebas y los resultados, para los médicos. Mientras, nosotros, que de quimioterapia y fármacos no teníamos ni idea, nos centramos en intentar hacer sonreír a nuestro hijo de 4 añitos todo lo que pudiésemos, que eso sí que sabíamos hacerlo. Así que, con el apoyo de nuestra gente y con el buen hacer de los médicos y enfermeras de la 10ª de Valdecilla, pudimos dedicar toda nuestra energía en enseñarle a SOÑAR.

 

Fue rematadamente fácil…los niños traen “de serie” la asombrosa capacidad de convertir la vida en sueño y los sueños en realidad. Con él inventamos un planeta al que volar con nuestra imaginación cuando quisiéramos, incluso mientras dormíamos, y disfrutar allí de todo aquello que la enfermedad nos impedía hacer. Y también creamos otro planeta al que enviar todo lo malo que nos impidiera estar

tranquilos. Lo que mandamos allí nunca regresa, así que siempre hemos procurado hacer un uso responsable. También utilizamos para motivarle, e ir superando los duros tratamientos, su pasión por el deporte, y cada fase de quimio era una carrera que él siempre quería ganar.

 

Así que, poco a poco, él se fue haciendo fuerte en este mundo, en esta otra realidad paralela a la enfermedad, y un día me di cuenta de que los que nos estaban enseñando a sobrevivir a la que, hasta ese momento, era la peor experiencia de nuestra vida, eran su hermano y él.

 

Si a eso le añades conocer gente en el hospital que te entiende con sólo una mirada, una familia y amigos que te mantiene arriba aunque ellos lo sufran en silencio, mensajes de buenos días que alegraban cualquier mañana, o cruzarte en la vida con personas que se ofrecen para hacer realidad el mayor sueño de tu hijo y que encima lo alargan en el tiempo porque saben que su cariño hace muchísimo bien, y no sólo al niño, sino a la familia al completo… si juntas todo eso, como digo, entonces es IMPOSIBLE que no aprendas a encontrar el lado positivo de cualquier cosa que te pase.

 

Si algo he sacado en claro en estos 3 años es que UNA SONRISA puede hacerte ver el mundo de otra manera, casi casi como lo ven los niños, incluso cuando estás inmerso en una realidad tan dura como la de que tu hijo tenga cáncer.

 

He conocido a padres que han pasado por lo mismo, y son tan fuertes, tan fuertes… que ya no les tumba ni un huracán. Creo que su secreto es el mismo que el nuestro… enseñaron a sus hijos a soñar y ellos les volvieron INVENCIBLES.

 

Mamá de Mikel

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